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Del 30 de junio al 5 de julio de 2026: una experiencia pastoral para atesorar.

Enclavado entre las majestuosas cumbres del Parque Nacional del Pollino, y asomado al mar Jónico como un balcón natural, se encuentra un lugar donde el tiempo parece detenerse para dar paso a lo verdaderamente importante: Alessandria del Carretto.

Fue en este pequeño y acogedor pueblo de la provincia de Cosenza —con poco más de 300 habitantes— donde pasé seis días maravillosos. Una experiencia que llevo en el corazón, llena de alegría, gratitud y un profundo sentido de comunión.

 

Todo comenzó con un día especial hace algunos años: la boda del sobrino de sor Angela Napoli.

Me invitaron a amenizar musicalmente la celebración, lo que implicó preparar y dirigir el coro parroquial.

Aquel acontecimiento, vivido a través de la música y la oración, resultó revelador. Puso de manifiesto el deseo de algunos habitantes de aprender, escuchar y profundizar en su propio camino de fe.

De esa chispa surgió la propuesta de ofrecer una semana de reflexión y estudio profundo centrada en la celebración eucarística.

Las sesiones tuvieron lugar en la iglesia parroquial con un grupo compuesto exclusivamente por mujeres. Algunas eran mayores, con miradas límpidas marcadas por la sabiduría; otras rondaban los cincuenta o sesenta años; y otras más rebosaban la energía propia de la plenitud de la vida. Generaciones distintas unidas por un mismo deseo: escuchar, compartir y redescubrir la belleza de su fe.

 

Juntas recorrimos el camino de la liturgia para redescubrir cómo la Eucaristía es, verdaderamente, fuente y culmen de toda nuestra vida cristiana. No se trata simplemente de un precepto o de un ritual repetitivo, sino de un encuentro auténtico con el Padre de la Vida, que nos reúne para alimentarnos con su Palabra y su Pan. ¡Es en la Eucaristía —precisamente en esa fuente— donde brota la comunión con Dios y con nuestros hermanos! ¡Es el hecho de escuchar a Dios juntas y de alimentarnos juntas de Él lo que nos convierte en familia, en comunidad, en el pueblo de Dios, en la Iglesia! Cada día hemos reflexionado sobre una parte de la Misa para comprender su sentido, su significado y su valor para la vida de cada uno de nosotros, y para descubrir el camino de transformación al que nos invita: un camino que cada uno está llamado a recorrer y a poner en práctica después de cada celebración.

Así es como crecemos y caminamos en la Iglesia: dando pequeños pasos, pero manteniendo siempre la mirada en alto, dirigida hacia el Padre, hacia la meta definitiva.

Y mientras realizamos este ascenso, Dios —como solía decir Don Primo Mazzolari— es capaz de tomar nuestros corazones si ve que estamos fatigados por la subida.

 

En la liturgia eucarística, contemplamos su amor por nosotros. Y lo afirmamos constantemente a través de los doce «Amén» que se suceden, como perlas, a lo largo de la celebración.

¡Es el «Sí» a Dios! ¡A la Roca!

Es el «Sí» sobre el cual —tanto individualmente como en comunidad— construimos el futuro. Es el «Sí» al Padre, dejándonos alcanzar por Él, como en un abrazo, para permanecer firmes.

Cuando se comprende y se vive, este don gratuito nos sorprende, nos maravilla y conquista nuestro corazón.

Nos sorprende porque es siempre Dios quien da el primer paso hacia nosotros. Nos maravilla porque Él nunca se cansa de entregarse totalmente por nosotros. Conquista nuestro corazón porque su amor no responde a méritos, sino única y exclusivamente a nuestra necesidad.

Todo esto nace del conocimiento que nos permite celebrar «consciente», «activa» y «fructuosamente», transformándonos —si así lo deseamos— poco a poco. Como nos recuerda san Pablo en la Carta a los Romanos: «No os amoldéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de la mente, para que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable y lo perfecto» (Romanos 12, 2).

 

Nos despedimos con la propuesta de poner en marcha un grupo de reflexión semanal en línea, basado en el Evangelio dominical.

Ellas decidirán el horario y el formato.

 

¡Encomendamos este «sueño» pastoral a Dios, el Pastor!

La distancia geográfica y la edad nos impulsan hoy a aventurarnos en nuevas formas de cuidar a su pueblo, acogiendo —con valentía y creatividad— las oportunidades que nos ofrece la tecnología.

Somos Pastoras, hijas del padre Giacomo Alberione, quien exhortó a toda la Familia Paulina a utilizar los medios más rápidos y eficaces para proclamar el Evangelio. Su mandato resuena aún con fuerza en nuestro interior: llevar la Palabra a todas las personas y a la persona en su totalidad, superando toda barrera y aislamiento, para que ninguna periferia quede excluida del abrazo del Buen Pastor: el Camino, la Verdad y la Vida.


Hna. Piera Cori sjbp


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