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CUATRO AÑOS RICOS EN EXPERIENCIAS

El tiempo ha pasado volando. Al recordar nuestra llegada en pleno invierno de 2022, parece casi increíble que ya hayan transcurrido cuatro años.

Damos gracias a Jesús Buen Pastor y a nuestra Provincia Italia-Albania-Mozambique —representada por la hermana Cesarina Pisanelli— por brindarnos la oportunidad de compartir nuestras vidas con las hermanas aquí en Italia. Esta experiencia ha sido un regalo precioso para nosotras; nos permitió conocer más de cerca a las hermanas fundadoras de nuestra Congregación y encontrar a tantas otras que, con alegría, generosidad y fidelidad, han dedicado sus vidas al bien de la Congregación y del Pueblo de Dios.

Su testimonio es una fuente de inspiración y esperanza para nosotras. A través de su ejemplo, hemos experimentado que con el Señor todo es posible. Ellas nos animan a continuar nuestro camino de juniorado con confianza, a mirar siempre hacia adelante y a vivir nuestra vocación con el corazón abierto a Jesús Buen Pastor, dejándonos moldear y guiar por su amor y su voluntad.

En las diversas comunidades que nos acogieron, experimentamos el don de la fraternidad. Conocimos hermanas que, mediante el testimonio de sus vidas, nos enseñaron el valor de la vida fraterna; nos recibieron con afecto, sencillez y gran apertura, haciéndonos sentir parte de la comunidad desde el primer momento.

En particular, en la comunidad de Traversari —donde dedicamos nuestro tiempo al estudio— comprendimos que la vida comunitaria no se fundamenta únicamente en las actividades académicas. Por el contrario, vivimos una fraternidad auténtica, enriquecida por la diversidad de culturas y el compartir de la vida cotidiana. Si bien el estudio fue una parte importante de nuestra formación, no tuvo la primacía; en el centro de todo permanece nuestra identidad como Hermanas Pastoras, llamadas a vivir la comunión, la misión y el servicio conforme al carisma que hemos recibido.

La experiencia en la parroquia de los Santos Francisco y Catalina, en Roma, también fue profundamente significativa. El contacto con la gente, la colaboración con el párroco y su constante atención hacia nuestra comunidad nos ayudaron a integrarnos gradualmente en la vida pastoral. Con el tiempo, se desarrolló una relación de confianza que fomentó una colaboración cada vez más concreta y fraterna. Las clases de catequesis con niños que se preparaban para la Primera Comunión nos brindaron una valiosa oportunidad para dar testimonio de nuestro carisma y compartir nuestra identidad y misión como Hermanas Pastorcitas.

Estar cerca de los niños y sus familias nos permitió experimentar de primera mano el servicio pastoral que define nuestra vocación.

Animar la liturgia a través del canto fue también una experiencia significativa. Los cantos fomentaron un ambiente de oración y participación, ayudando tanto a la comunidad parroquial como a nosotras a vivir las celebraciones litúrgicas con mayor intensidad. Fue hermoso sentirnos parte de una única asamblea que, mediante el canto, alababa al Señor y vivía con alegría la comunión fraterna.

Las sesiones de Lectio Divina en la parroquia —que animábamos por turnos como comunidad— fueron algunos de los momentos más significativos de nuestro camino pastoral y espiritual. Fue una experiencia privilegiada para escuchar la Palabra de Dios, compartir nuestras vidas y crecer en la comunión fraterna. A través de estos encuentros, fuimos testigos de la participación fiel y generosa de los feligreses, quienes se acercaban a la Palabra con el corazón abierto, espíritu de fe y profunda confianza. Esta experiencia confirmó cómo la Palabra de Dios, al ser acogida y compartida en la vida comunitaria, se convierte en fuente de comunión, alimento para el camino espiritual e impulso para un testimonio del Evangelio cada vez más auténtico.

Nuestro tiempo en la universidad es también motivo de gran gratitud. Tuvimos la oportunidad de conocer compañeros que nos acogieron con calidez y apertura, demostrando un espíritu de colaboración y apoyo mutuo desde el primer momento. Su cercanía y ayuda hicieron que nuestros estudios fueran más serenos y enriquecedores. Recordamos con cariño a la señora Gigliola, quien nos acogió como a "sus hijas" y nos apoyó y animó en nuestros estudios.

Por todo ello damos gracias al Señor, pues no esperábamos encontrar una acogida tan cálida ni una colaboración tan generosa. Reconocemos en esta experiencia un signo de su Providencia, que nos ha acompañado a través de la amabilidad y la apertura de las personas que encontramos en el camino.

La experiencia de fraternidad y estudio ha despertado en nosotras el deseo de renovar, una vez más, nuestro "Aquí estoy" al Señor que nos llama. Nos ha animado a redescubrir la belleza de nuestra consagración con renovado entusiasmo y a vivir la misión que pronto nos confiará con nuevo celo.

Regresamos a nuestra querida patria, Mozambique, con alegría, entusiasmo y profunda gratitud por todas las gracias que el Señor nos ha concedido experimentar durante estos años. Llevamos con nosotras un cúmulo de experiencias, encuentros y dones recibidos, que atesoraremos con gratitud en nuestros corazones.

Hnas Atija Albino y Jacinta Gaspar

 

 

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