«Me alegro con mi Dios»
En la fiesta de María, Madre del Buen Pastor, celebré con profunda alegría mi Profesión Perpetua, renovando mi alianza con el Señor y pronunciando un «sí para siempre» a la vocación a la que Él me ha llamado.

La celebración tuvo lugar en la Capilla de la Sociedad de San Pablo, en Medellín, Colombia, en un ambiente de mucha alegría, fraternidad y acción de gracias. Mis votos perpetuos fueron recibidos por la hermana Ana Verónica Acero, superiora provincial, y la Eucaristía fue presidida por el padre Danilo Medina, SSP.
En su homilía, el padre Danilo nos invitó a contemplar la misericordia de Dios, presente en el salmo que evocaba el cántico de María: un Dios que protege, que ama y que camina siempre con su pueblo. El Evangelio proclamado, tomado de san Lucas 5, 1-11, adquirió también un significado especial en el contexto del Mes de la Biblia, al mostrarnos a personas sencillas que se acercaban a Jesús para escucharlo. En la actitud de Pedro descubrimos, además, una profunda experiencia vocacional: la de quien se deja alcanzar por la Palabra, acoge una llamada y se atreve a confiar.
Así he querido vivir también este momento de mi historia vocacional: como una respuesta confiada a una llamada, una historia que Dios ha ido escribiendo poco a poco, a través de personas, encuentros, experiencias y tantos momentos en los que he podido reconocer su amor y su fidelidad. Hoy solo puedo mirar hacia atrás y decir: ¡Gracias, Señor, por haberme llamado a ser Pastorcita y por seguir caminando conmigo!
Agradezco de corazón la presencia y cercanía de las Hermanas Pastorcitas, a través de las hermanas presentes: Hermanas Ana, Yamile y Erika, de las junioras Mariani, Romina y Linda, y de tantos miembros de la Familia Paulina: sacerdotes, seminaristas, Hermanas Paulinas, Pías Discípulas y Cooperadores Paulinos. Esta celebración fue tambièn una linda experiencia de familia Paulina.
También doy gracias a mis familiares, amigos de la Parroquia Niño Jesús de Praga, amigos de la universidad y a todas las personas que me acompañaron con su presencia, su cariño y su oración. Cada gesto, cada servicio y cada detalle hicieron de este día un recuerdo que guardaré con especial cariño.
Hoy me alegro con mi Dios. Me alegro con ustedes. Y me alegro por el regalo de mi vocación.
Que María, Madre del Buen Pastor, me enseñe a guardar este «sí» en el corazón y a vivirlo con fidelidad, alegría y entrega.
¡Gracias de corazón por acompañarme con su oración!
Hna Leidy Maritza Toro Garcia.





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