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Provincia de Brasil: Las Hermanas Pastorcitas inauguran su nueva sede provincial

El 28 de junio de 2026 —solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo—, la Provincia de Brasil de las Hermanas de Jesús Buen Pastor (Pastorcitas) inauguró y recibió la bendición de su nueva sede provincial en São Paulo. Este evento marcó un hito en el camino iniciado con la unificación de las dos antiguas provincias brasileñas en una única Provincia de Brasil. Nuestra Regla de Vida define la sede provincial como la unión de todas las comunidades de la Provincia. Por ello, más que un simple centro administrativo, esta casa se estableció como el "Corazón de la Provincia": un lugar de acogida, comunión, discernimiento y animación espiritual para las hermanas, dedicado a la vida y misión de la Congregación dentro de la Iglesia y al servicio del Pueblo de Dios.

La celebración eucarística y el rito de bendición de la casa fueron presididos por Mons. Edilson de Souza Silva, obispo auxiliar de São Paulo. Su presencia fue motivo de especial alegría y significado para las Hermanas Pastorcitas, ya que él también había presidido la celebración de apertura de la Primera Asamblea de la Provincia de Brasil en enero de ese mismo año. De este modo, acompañó dos momentos clave de esta nueva etapa: el inicio del camino de la nueva Provincia y, ahora, la inauguración y bendición de su sede provincial.

 

Entre los asistentes se encontraban el equipo de gobierno provincial, las hermanas de la comunidad de la nueva sede, representantes de comunidades Pastorcitas cercanas, miembros de los equipos de gobierno provincial de la Familia Paulina, la dirección del Colegio Divina Pastora, así como colaboradores y amigos que contribuyeron a hacer posible este momento. La celebración estuvo marcada por un ambiente de fraternidad, gratitud y esperanza.

 

La elección de la solemnidad de los santos apóstoles dotó a la celebración de un profundo significado eclesial y propio de la Familia Paulina, dado que esta fecha tiene una gran importancia para nosotras. En sus palabras iniciales, Mons. Edilson señaló que inaugurar la sede en esta festividad significa poner a la nueva Provincia bajo el signo de la comunión con la Iglesia y con la misión. Pedro representa la unidad de la Iglesia; Pablo, el impulso misionero. Así nace la nueva casa, inspirada en estos dos pilares de la vida y la misión eclesiales. En su homilía, el obispo Edilson destacó que tanto Pedro como Pablo vieron sus vidas transformadas por un encuentro personal con Jesucristo. A la luz del testimonio de los apóstoles, la nueva sede provincial es un lugar donde se fortalece la comunión, se ofrece hospitalidad, se renueva el encuentro con Cristo, se cultiva el discernimiento y la misión cobra un nuevo impulso. Así, se convierte en signo de una Iglesia que vive en comunión y permanece siempre "en salida": una Iglesia misionera.

 

Durante la celebración se bendijo el sagrario y, tras la Comunión, tuvo lugar el rito de bendición de la casa. Se destacó que una casa consagrada no se define por los muros que la sostienen, sino por la vida según el Evangelio que florece en su interior. Es un lugar de encuentro con Cristo, de permanencia en su presencia y de envío a la misión. La aspersión con agua bendita evoca el Bautismo —fuente de vida nueva— y recuerda que todo lo que allí se viva debe ser siempre signo de la presencia de Dios y fuente de esperanza para todos.

 

Al finalizar la celebración, la hermana Cristiane, Superiora Provincial, agradeció a todos su presencia y señaló que la inauguración de la nueva sede provincial marcaba también la clausura de la Comunidad de los Santos Apóstoles, que existía anteriormente en este lugar y prestaba servicio a la Escuela Divina Pastora. Las hermanas que pertenecían a dicha comunidad se han integrado ahora en la nueva Comunidad Provincial, que reúne a las hermanas dedicadas a la administración, la acogida y la labor escolar.

 

Tras la celebración, los participantes compartieron un almuerzo festivo caracterizado por la sencillez, la alegría y el espíritu de familia, prolongando así la acción de gracias de la liturgia y fortaleciendo los vínculos fraternos entre todos los presentes.

 

¡Bendito sea Dios por este nuevo capítulo de su historia! Encomendamos a su providencia el camino que se construye en comunión y misión, confiados en que el Buen Pastor camina con su rebaño y nos sostiene en el anuncio del Evangelio y en el cuidado de la vida.

Hna. Rosilene de Lima, sjbp


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